lunes, 21 de julio de 2014

ADN, sol y cómo prevenir enfermedades cutáneas

Hoy os traemos la última colaboración de Inma Riu para el blog de Ladival de Laboratorios Stada.
Inma es nuestra farmacéutica especializada en dermo y estos meses de verano, si os pasáis por la farmacia, os analizará la piel con nuestro aparato Microcaya.

¡Buena lectura!



A estas alturas, todos sabemos ya que la exposición a la radiación solar sin protección solar es dañina y es el factor de riesgo principal para la mayoría de los cánceres de piel.
La luz solar emite radiaciones ultravioleta, también lo hacen los aparatos para ponerte moreno (camas, duchas y demás) a los que hay que acudir con moderación y con factor de protección solar.
Los rayos UVA, UVB e IR-A son los principales causantes de los efectos nocivos del sol en la piel ya que dañan el ADN (material genético) de nuestras células . “Los cánceres de piel comienzan cuando este daño afecta el ADN de los genes que controlan el crecimiento de las células de la piel”*.
La radiación ultravioleta (UV), parte integrante de los rayos solares, produce varios efectos sobre la salud. Ésta radiación se divide según su longitud de onda en tres grandes tipos:
La radiación UV-A es la radiación ultravioleta con mayor longitud de onda, por ello penetra en mayor cantidad hasta la dermis. Su alto nivel de energía aumenta la formación de radicales libres, destruyendo las fibras de colágeno, produciendo un envejecimiento prematuro y daños permanentes en la dermis. Es también responsable de diferentes efectos biológicos como el bronceado rápido por oxidación de la melanina ya existente, el fotoenvejecimiento, alergias solares y las manchas solares de la piel.
La mayoría de las camas bronceadoras emiten grandes cantidades de UVA que según se ha descubierto aumentan el riesgo de cáncer de piel.*
La radiación UV-B es la responsable tanto del bronceado como de las quemaduras solares, sólo llega hasta la epidermis.
Asimismo, se cree que causan la mayoría de los cánceres de piel.*
La radiación UV-C, es la que contiene mayor energía, pero es a la vez la menos peligrosa, ya que no llega a la superficie terrestre gracias a la capa de ozono.
La radiación Infrarroja A (IR-A) tienen efectos nocivos sobre la piel, principalmente por su capacidad de penetrar hasta la capa más profunda de la piel: la hipodermis. La radiación Infrarrojo-A, produce un estrés oxidativo en la mitocondria, lo cual aumenta la producción de radicales libres, acelerando la destrucción de las fibras de cólageno tipo I y tipo III, y disminuyendo la síntesis de nuevo colágeno.  Las consecuencias visibles son una piel con arrugas profundas, debido a un envejecimiento prematuro y deshidratación cutánea,
Pero, ¿qué sucede exactamente en nuestro ADN cuando nos exponemos al Sol y por qué es importante reparar nuestra piel con fotoliasa?
El material genético, nuestro ADN, que se encuentra en cada una de nuestras células, cuando se altera, en una célula normal se autorepara o la célula lo elimina, para preservar su correcto funcionamiento. Cuando hay alteraciones externas de este ADN que pueden provenir de factores medioambientales: tabaco, radiación solar, contaminantes químicos,… que alteran este ADN, el mecanismo normal de “autocontrol” de las células se altera.
El cuerpo humano posee mecanismos para reparar el ADN, pero es un proceso lento, que puede llegar a tardar hasta 36 horas.
La fotoliasa es una enzima capaz de reparar hasta el 45% del daño del ADN en un periodo de 30 minutos. De esta forma, previene la inmunosupresión de la piel, y protege frente a los efectos carcinogénicos de la radiación.
La enzima fotoliasa procedente del alga verde-azulada “Anacystis nidulans”, capaz de reparar el ADN dañado durante la exposición solar y se encuentra en el Sérum  regenerador Ladival .
Por tanto, lo importante es una buena prevención a través de complementos alimenticios,  fotoprotectores solares y un buen producto que  actúe reparando los daños solares que pueda causar el sol en nuestra piel.
*Fuente consultada: American Cancer Society

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